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Alfredo Veiravé nació en
Gualeguay, provincia de Entre Ríos, en 1928. En 1957 se radicó en
Resistencia, Chaco.
Falleció en Resistencia el
22 de noviembre de 1991.
Fue poeta, ensayista y
crítico literario, autor de importantes y numerosos ensayos sobre
escritores latinoamericanos. Ejerció la
docencia en varias cátedras de la Universidad Nacional del Nordeste,
de donde egresara como profesor de Letras. Dictó numerosos cursos
dentro y fuera de la provincia y en el extranjero.
Obtuvo importantes
premios: Faja de Honor de la SADE (1955). Premio Leopoldo Lugones de
la SADE y el Fondo Nacional de las Artes (1960 y
1963).
En 1982 recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina
para la Poesía.
La Academia Argentina de Letras lo designó
Académico en la clase correspondiente, con residencia en el Chaco.
Entre sus
obras figuran El
alba, el río y tu presencia
(1951); Después del alba, el ángel (1955); El ángel y las
redes (1960), Destrucciones y un jardín de la memoria
(1965); Puntos luminosos (1970); El imperio milenario
(1973); La máquina del tiempo (1976); Historia natural
(1980); Radar en la tormenta (1985); Laboratorio central
(1990).
Entre las
características de su poesía está la de recrear el paisaje no de
manera objetiva sino como memoria emotiva y autobiográfica, con un
tono entre la elegía y el gozo.
Como docente fue autor de
los libros destinados a la escuela media Literatura
Hispanoamericana y argentina, y Lengua y Literatura.
Sus poemas fueron
traducidos al ingles y al portugués.
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UN
SOLO SER TE FALTA Y TODO ESTÁ DESPOBLADO
Comencemos por entendernos
este no es un poema de amor y si lo fuera
me cuidaría muy bien de decirles quién es la “musa inspiradora” como
dirían los griegos con sus columnas dóricas o corintias
pero esta tarde de un sábado
cualquiera de una vida más cualquiera todavía
se me ha ocurrido distraerlos con algunos secretos
que quizá alguien comparta
desde lejos:
el mundo, más bien diría el planeta tierra que tiene un movimiento
de rotación
que se trasmite a las almas
los trópicos a su vez tienen pájaros que
dan vida cuando tocan a las orquídeas, y me atrevería a afirmar
que hay algunas plantas escondidas en lo más oscuro de
sus selvas
que sueñan nuestros propios sueños de cronistas y nos hacen ver
una cara desconocida
olvidada al despertar
Es esa parte de sombras la que siempre
los seres humanos
bueno, mejor dicho ustedes o yo buscamos
en algún momento dentro de la multitud
será un brillo en una mirada negra me pregunto?
Una ausencia?
aquel verso de Borges como una cuerda atada
en la garganta según podemos inventar sin consultar los textos?
el resplandor que queda después que nos inventamos también en
compañía de los amigos?
Debe ser me digo el resto de algún naufragio y aquí empezamos
la enumeración de acontecimientos más o menos de este modo:
el alma, flor también cerrada ahora en la oscuridad de los sábados
que busca su propio perfume mágico y forma parte de
las rebeliones por la carestía del aceite
la explotación de compañías extranjeras
el vuelo de un enorme avión de pasajeros que explota en el
aire
y se hunde en el mar con sus valijas y su carga humana;
y el alma, ese pájaro otro quemado en sus alas multicolores
(el picaflor el quetzal
sus plumas colgadas en el
vestido de los Reyes Incas)
bailando duramente en una fiesta más o menos efímera
girando como el planeta alrededor de un sol
que ahora se ha apagado para siempre
aunque mañana salga de nuevo
el alma, envuelta en un tejido o un tapiz
bordado
con las cuerdas del amor
alrededor de una cintura desnuda
como se ve en las revistas de modas, o
la pasajera que toma el barco y nos ve desde la borda más alta
su madre y yo, despidiéndola con señales que
los marineros y los maridos
contemplan con sonrisas equívocas, por qué?
el secreto “fluido”o fuerza mental
que despierta a los amantes desde lejos
aunque estén ahora separados
y sirva para despoblarnos o poblarnos alternativamente
(Esos dos seres, perdidos en una ciudad
terrestre
abandonados uno del otro en un país
en un mapa, en una esfera
con sus capiteles griegos sus museos de París
los discos de canciones revolucionarias)
Cuando todo haya sido destruido
pondremos en una jaula o mejor, en vitrinas protegidas con
duros
e impenetrables cristales
ese polvillo que podremos recoger después de las fiestas
esas cintas de olvido que correrán como víboras por las gargantas o
el beso
en la oreja, y sobre todo
el desierto abierto en medio de la multitud.
CAMINO ENTRE LA GENTE
Me
quedará la imagen cuando se vayan
otras cosas aprendidas la circunferencia del globo terráqueo
el año de nacimiento de Hernán Cortés, la cantidad de
novelas de caballería que fueron contrabandeadas a las
Indias
y entonces lo contaría de esta manera
un camino abierto entre muchas personas, el hueco que deja
un pájaro que se aleja de pronto de la bandada
ese pájaro que presiente quizás las tormentas en una nube
pasajera
la mirilla del asesino que observa desde la terraza el paso del
Presidente
una alfombra tirada desde la escalinata de mis piernas al suelo
negro de sus pies atravesando el salón ruidoso
Atravesando el color rubio del vino y al trepar por las ramas
oscuras
del alto
gomero
desprenderse en un zorzal cantando
terriblemente solo, en medio
de las grandes hojas verdes Solo, allí
hasta que el camino se abrió
Y por qué, por qué?, me preguntaré en la vejez todas las sombras
con cuerpos de personas que hablaban y reían desaprensivamente
de cosas pueriles
se apartaron hicieron entre los dos un callejón de reflectores
guiados
por quién? Y desde lejos, desde la mirilla de un caza
ametrallando
nos miramos, a través de ese camino que de pronto se abrió y luego
se cerró
dejándonos el retrato simultáneo de dos figuras de una mujer y un
hombre
que se vieron un segundo y vos me llamaste con los ojos y yo te
llamé
con estos gatos locos en la mente.
MADAME BOVARY
Emma te equivocaste
cuando saliste de tu casa en un carruaje con grandes
ruedas que corrían hacia atrás como en las películas
del Oeste
porque tu soledad era algo que debía ser solamente tuyo
y porque era fatal que
nadie te comprendiera en ese pueblo de provincias
Ni
siguiera tu marido
el pobre hombre gris herido de tu amor
Bueno, no me hables ahora de tus taquicardias
o de los vestidos con enaguas y encajes
déjame explicarte
que me conduelo solamente
porque te perseguían furiosamente
los vecinos ineptos en el juego
de tu corazón virgen
y tu siglo era un cambio
lentamente mirado a través de las celosías
de la villa
más bien ponte el anillo o los collares de los hippies
y piensa en Carnaby Street en cómo lograr la infidelidad
sin que tengas que recurrir a tu conciencia
de pobre muchacha provinciana
Yo pienso que buscabas saber solamente
cómo te desnudarían los otros
y estos otros cretinos te traicionaron
Emma
Dame la mano no llores más
quédate en silencio
y escuchemos juntos estos discos de los Beatles.
SOBRE EL DAÑO QUE HACE EL TABACO
Es
un bosque declamado de hojas
que encendemos mirando en el vacío como los soldados de lo
hablado
la sutil sustancia
de horas pero qué digo sólo minutos
eso que nos conmueve
roedores venenosos instintos labios
y dedos amarillos
trozos de tabaco que chupamos desesperadamente
el alimento
las preguntas, aquel por qué por qué?
accidentes del cuerpo que la
memoria
deja como los ceniceros y las perchas en donde colgamos
corbatas reverencias y pantalones
hábiles en las erratas de escasos dominios y esa
superflua desaparición de los bronquios
que nunca duermen
(ramas secas arrasadas por el viento
insectos secos
los nidos abandonados)
acuáticos y terrestres series los piojos que polen y ufanos
Aéreos mundos crueles
despojados del sol de afuera
cerrados o encerrados
el gran piloto de las canciones de los instantes de la espera
quizá la última luz esa del cigarrillo que
se apaga la cara de la que se fue.
DE
LOS BIBLIOTECARIOS
Se
trata de una misión nada fácil:
han nacido para explorar los anaqueles de cenizas y montañas de
palabras
estallan entre infolios en las zonas más hondas de sus catálogos
Cada hombre, dicen ellos, tiene sus paraísos en estas historias
Consagradas al olvido del diluvio y ven caer la penumbra
desde las altas mariposas de la tarde
Eligen otras materias que clasifican sus memorias y ven la mente del
hombre
de las cavernas y la mente del hombre de Dresde, de Xólotl,
y la mente de los hombres de la Catedral Sumergida y la mente
de los hombres de la bomba atómica, el hongo y el Cangrejo y Dallas
en un solo catálogo manifiesto
Las letras entonces comienzan a danzar ante sus ojos y la
imaginación
se agranda hasta el infinito círculo de los planetas para destruir
el sueño de las computadoras tristes
Ahora verán lo que pasa:
una misión nada fácil nace de sus dedos de exploradores
los infolios estallan en las zonas de cenizas y recogen
palabras como mariposas secas en la honda fronda de sus anaqueles
Cada paraíso, dicen, tiene sus bibliotecarios consagrados al
olvido
de la penumbra y las materias de arroz pulimentado se consagran
al catálogo de las clasificaciones y recorren la mente del hombre
en submarinos, en bombas atómicas, en tortugas planetarias,
en velocípedos, en canoas indígenas, cuando los códigos lunares
destruyen los sueños de las bibliotecarias solteras
y la imaginación se agranda hasta París, en la danza
que las letras tejen entre sus ocios.
POEMA LEVEMENTE DESCRIPTIVO
Me
limitaré a describir el polvo por las calles
que emerge soplado por el viento norte en una
desobediencia pertinaz
de sapos muertos en el sol
y esta pregunta
municipal
nos tapará la polvareda
con sus edificios sacramentales
este mediodía
en el pueblo?
Espiemos desde las
ventanillas de las casas que se fugan
seamos hábiles en el trance de poner
el viento en sus dominios
el calor en los bolsillos de los disidentes
y
desde luego
aprendamos a leernos en la sequedad de
esta geografía
en donde permanecemos
hasta alcanzar cierto grado de locura
los informes meteorológicos anuncian grandes
lluvias
en el Chaco
pero las tribus nos arrojan sus granos de
arena
sobre los ojos
ni alegres ni tristes estamos en el claustro
codiciando el desperfecto de la máquina solar
sentados
en el calor.
SAQUEO
Te
pido perdón porque mientras vos estás ausente
yo me dedico a contrabandear espejos y saquear tus galeones anclados
en las arenas de las islas
y aun cuando después te prometa repartir el tesoro por partes
iguales
no me lo creas amor porque nosotros los ladrones
somos muy egoístas con los tigres que matamos en la selva
con los cofres que abrimos cuando los ojos se nos salen de las
órbitas
y tampoco nada escuchamos cuando nos hablan de poner más sal en las
comidas
Así déjate vivir y no me perdones nunca
aunque me veas reír solo mientras estudio la carta de navegación o
leo
los
signos del zodíaco en tus piernas o en tu vientre
aun cuando en mi defensa deba explicarte
que jamás me lo propongo
y que todo este vicio de fumar sólo es más bien un castigo que me
inflijo
cuando veo a la distancia tus galeones vacíos
estas riquezas que puedes devaluar con un solo gesto de tu mano.
BAÑOS
Como Hilda que no se lavó las manos durante una semana después
de estrechársela a Gérard Phillipe en 1955 en París
yo sigo la costumbre de quedarme sintiendo sobre mi cuerpo
el roce del tuyo desnudo
una ciudad con torres blancas en donde hubo un
jardín cerrado con pájaros metálicos de color negro y un
caleidoscopio
multicolor como las estampillas africanas
y así me siento protegido con olores que no son míos
saudades de pequeñas maripositas negras
que yo besé por última vez antes de morirme
imágenes surreales de glicinas en la boca
que yo tuve por vez postrera antes de que cerraran el
féretro
mientras los caballos del coche fúnebre golpeaban impacientes con
los cascos
en el pavimento de la calle
y así me voy protegiendo con jabones ausentes con duchas
no abiertas con el calefón cerrado con el humo del tabaco de mi pipa
cargado de pesos suaves de blancuras entre sombras del
resplandor
de tus poros que no vi por falta de un microscopio o quizás por
urgencia
de los relojes que me impidieron saber que estaba sobre tu
espalda
sino en esta crueldad que se llama el instante
razón por la cual
hoy he comenzado a contabilizar los baños que no me he dado para no
sacarme
de encima la magia de tus piernas transpiradas.
NO
SMOKING
En
el país de la Yegua Tordilla hay órdenes que cumplir:
una de ellas, quizás la más conveniente
No fumar.
Que se atrevan a vivir en la poesía como decía
André Breton, y cumplir órdenes. Como si prohibiendo
como decía aquel pasajero de la locura no se van a caer los aviones.
No
fumar, no en nombre de los árboles del pulmón
que vistos desde arriba parecen las sombras del
planeta Tierra;
no en relación con un fuego central que el humo quiere
apagar en la casa de la oscuridad del Popol Vuh, en el infierno de
las
torturas, en las hojas de tabaco que ofrecen al de los ojos vendados
como regalo de Fin de Año.
Los testigos perdidos en el humo
de aquellas hojas femeninas serán colocados como
castigo
en un lecho de hormigas insomnes.
Pero, qué fragancia de crujientes olores y de aves remotas
sube por tus costillas de plantaciones manuales
cuando
las miro a través del lenguaje que no habla, ese humo que queda
flotando en el ambiente.
Cuando la luz roja se apaga el pasajero
supone que las extrañas costumbres del colibrí, su erotismo,
vuela hacia el cielo de profundos besos
por una constelación de nubarrones,
negros
como la caliente araña devoradora.
OBSERVACIONES CLIMATOLÓGICAS
Seré objetivo como el peso de una piedra preciosa de Misiones
cuyo nombre desconozco,
y seguramente prosaico porque tampoco recuerdo si ella
crece como una flor debajo de la lluvia:
este año, en el Chaco, el verano llegó
imprevistamente
de golpe, de un día para el otro,
sin transiciones otoñales como corresponde a un clima
orgánicamente sensato, a un clima prudentemente organizado.
Ayer estábamos en invierno y hoy sábado estamos en pleno
verano,
como si nos hubieran trasladado en un confortable almanaque
de una ferretería de materiales agrícolas, esa manera de mirar la
eternidad
por la ventanilla del avión.
Todo comenzó con un viento norte que según los médicos
de cabecera, y los psiquiatras
altera la conducta de las personas: a los prudentes los hace hablar
de sus problemas de pareja en la oficina; a los tímidos les da
un desaforado yo de convicciones para que opinen (equivocadamente);
a
los egoístas el corazón se les enternece (un rato nada más); a los
envidiosos los hace alegrarse del éxito de un colega,
a los enamorados
les sube más la temperatura de las piernas, a los tristes
todo les parece un desastre nacional, a los optimistas la situación
los hace sentir incómodamente culpables.
Hay quienes ven volar el casco de su cerebro por encima de los
techos,
a las mujeres el viento norte les levanta la pollera, y éste, es
claro,
no es el poema que quería escribir esta mañana.
También había personas desorientadas que caminan con camisas de
verano
en un delirio que afectaba al pasado y al presente de los verbos.
(Seguramente ahora entre las frondas
ecológicas/
pasa una joven desnuda
en bicicleta.)
Aquí hay un desajuste cronológico del espacio del clima
que no entiendo, es como esos argentinos que sólo piensan en francés
delante de un molino de Fernández Moreno, es como esas parejas
que se separan por amor, es como los truenos en un día
de sol, es como una sociedad aluvial adentro de una élite, o como
aquel
profesor que aun equivocado en sus ideas,
alcanza a ver claro el proceso de la historia, es como esos
militares sudamericanos del subtrópico que sueñan
siempre alcanzar la primera magistratura del país a fuerza de
lecturas
(y después prohíben las novelas sobre los dictadores) y entonces,
quiénes son los equivocados en esta tremenda irregularidad
climática?
TEXTOS Y CONTEXTOS
¡Oh
Argentina, nación hermosa y soberana
del sur!
Ricardo E. Molinari
Las noticias de hoy son desastrosas: la ciudad de
Resistencia
parece un hormiguero de caras angustiadas que miran
hacia el
cielo, con grandes
nubes como (medievales) catedrales oscuras de más agua;
y de alguna manera, todos, esperamos que no llueva esta vez,
que alguien nos salve de los acuáticos camalotes que avanzan por las
calles a
pesar de las bolsas
de arena
que hemos puesto, quizá
inútilmente
en las puertas de la casa.
Las aguas amazónicas están aquí, y un poeta
amigo reclama un lugar en la República.
1
Antes eran las palabras
solamente las que hablaban; los textos eran como poemas ciegos que
en la oscuridad de su cuerpo tanteaban en cavernas platónicas con
una
fina red de caricias, pero, qué quedó de aquella escritura
lujuriosa?
Me imagino que en algún siglo venidero alguien logrará
desenterrar de esas cavernas la imagen de un país, que es como
decir,
extenderá un mapa de colinas (desnudas), de hondonadas abiertas, de
pliegues
fastuosos
con los gritos del macá de una mujer hermosa, y algún arqueólogo
corporizará la historia en las arenas gruesas de estas
anécdotas pasajeras. Acaso la energía del texto no nace
imprevistamente
del contacto sexual con el pensamiento reflexivo?
2
Yo
imaginé a Manhattan desaparecer
entre las aguas del océano; puedo decir que la vi hundirse
como un cataclismo formidable. Entonces para mí las inundaciones
del diluvio provenían de los libros sagrados / lluvias interminables
sobre un Arca a la deriva / o de la aterradora
yegua negra de la noche, llovida,
o del río Gualeguay,
tan calmo que hubo personas ya muertas que los domingos iban a ver
a las señoritas de familias con grandes capelinas
pasear en botes de / Renoir
y los jóvenes remar entre los sauces, y la tarde caer con
Esplendor de Kermés de fin de siglo, melancólico diría en esos años,
aunque la nostalgia del tiempo nos engañe.
3
Pero hoy todo es diferente. Hay grandes autopistas en Buenos Aires
y los grandes personajes
se reúnen en los grandes hoteles junto al mar; hay frívolos
almuerzos
de radiantes damas incandescentes, langostas oceánicas entre los
dedos
de la conversación, oh europeas, campos inundados, la banalidad
de las palabras
humilladas,
y hay en esa enorme cabeza de Goliat, un albergue de fantasmas
en las cuatro manzanas de la City (Y hay deudas internacionales
y hay fábricas cerradas por el peso de las aguas, y El Barón
rampante
el Calvino, hace meses que está viviendo
en el techo de su casa / “Otro busca fango, huesos, cáscaras,
cómo escribir después del infinito?”
4
Hoy
todo
fue distinto. Volví a mi casa arrastrando
las noticias de la radio (local), y para encontrar
consuelo, alguna imagen
que distrajera los duros presagios de las aguas: un mar mediterráneo
el litoral? Un cataclismo geológico? Una nueva ecología? Prendí
el televisor que traía colores en directo desde la capital de la
República
y vi con esa tristeza que separa
un Aleph no borgeano que mostraba
por ejemplo,
las confidencias amatorias de una nueva estrella
recién abandonada por su esposo, un funcionario (conjetural)
que descansaba en Mar del Plata de las arduas tareas de gobierno,
vi un confuso laberinto en el pecho y en él las ruinas de
una nación atomizada, vi una mona gramaticalmente inteligente
que entrevista (disfrazada)
a un supuesto Coronel que no tiene quién le escriba,
vi un sonriente animador de turno diciendo diariamente tonterías,
vi un ridículo concurso de cantores, y al ver que todos aplaudían,
al apagar con pena el aparato me dije desolado
(argentinamente desolado), que quizá todo esté bien como contexto.
Es este un gran país no cabe duda
porque no logramos conmovernos juntos. Quiero decir,
que las aguas están llegando hasta nosotros
y sólo queremos que no llueva.
BREVE HISTORIA DE AMÉRICA LATINA
La
historia de guerreros antiguos maya-quichés de Guatemala o las
civiles tormentas pampeanas
sale como siempre de las palabras que atrapan
a los hechos de la realidad, por ejemplo:
un brujo que al lado del lecho del líder viejo le dirige los
sueños para que no muera. Según sus teorías esotéricas
todo país de América Latina
depende de esa relación mental como de la deuda externa,
de la interferencia de los astros sobre nuestras relaciones íntimas.
Después vinieron los crímenes mal llamados “políticos”,
algo falló en la dirección del viento subtropical
o quizá fue solamente la “represión”, una pesadilla
de los brujos de otras tribus.
La historia cambia la dirección terrible de las palabras,
por ejemplo: André Breton, ahora mismo, podría haber
escrito leyendo los informes de la desesperación
estos versos surrealistas: ¿En qué metal incalculable
están incrustados tus dedos de desgracia?
ALICIA EN EL PAÍS DE LO VISTO O LA NIEVE DEL VERANO
No
empezaré este poema narrativo-descriptivo dibujando a las
palomas
que iban y venían sobre nuestras cabezas, porque inevitablemente
ellas
locas de entusiasmo estaban fuera de foco esa mañana
girando / alrededor de la Torre de Babel.
1
En
verdad fue objetivamente quizás
la abeja de oro de la luz que envolvía nuestra frente numerosa
la que nos hacía cantar
estribillos de fuerza incontenible para tapar las puertas del
infierno.
O era la energía solar del verano ya próximo con sus ramos
invisibles y platónicos, una congoja luminosa sobre el corazón?
Cómo podía Alicia tomar indiferentemente el té dentro de un país
que caía vertiginosamente
hacia un pozo profundo? Y las teorías de la gravitación universal?
(Una joven de párpados arcangélicos y blue jean
te ha mirado con sus ojos muertos; cabellos negros y profundos
del sueño como esos murciélagos de las pesadillas que revolotean
en la noche de la caverna donde eligen al azar
el cuerpo de sus víctimas.) Entre los aullidos del miedo, en la
ciudad
junto al río inmóvil (en la femenina almendra de tu boca)
aún cae la lluvia sobre un nido de perdiz
y los noticieros se ocupan del deporte.
2
En
la lejanía
había un gran árbol en el centro de la tierra
donde ellos se abrazaron en secreto alguna vez;
ella y él eran las flores cautivas de la ansiedad, la aérea
calaguala prendida entre las ramas, cuerpos juntos
para subir por estos cánticos multiplicadores después de las
torturas del agua, los Avernos secretos de las vejaciones.
Porque aquí hubo bosques de agonías con las agudas
agujas eléctricas de los pinos del campo, y pájaros
golpeados que no pueden volar. Alicia en el país de lo no visto
cambia sus silbo-maravilla, y en la desnudez de la locura
confiesa al fin todo aquello que no sabe, ustedes me comprenden
y en un poema siglo XIX quedará grabado
el esqueleto cantor de un paisano estaqueado en el desierto.
Por todo eso esta euforia
y el grito-miniatura del sollozo.
3
Lo
cierto es que el hecho histórico tejía y deshacía nudos
de emoción en la garganta. Por eso las palomas se habían convertido
en mimesis de un vuelo aristotélico, en presagios del tebano
Tiresias,
en tu invisible arrullo de torcaza, en la triste conciencia del
padre
que elige o sepulta sus recuerdos.
(El arte nunca es simple lo mismo que la muerte.)
Las banderas de otras edades disolvían a los glaciares de los ojos.
Las palmeras con hiedras protectoras de ese sol, girasol de los
siglos,
disipaban los temores. Por eso levitamos encima de las torres.
(La felicidad nos une siempre a los amigos, lo mismo que la vida.)
4
Ven
y vive conmigo dijo líricamente oh belleza de los colmenares,
belleza natural de esta fuente de sobrevivientes donde brota
el agua fresca para las cabezas ardientes
de los jóvenes empapados de alegría.
Podría haber escrito en la lengua de todos:
“En este verano la larga noche de la angustia y de los crímenes
ha cesado”, o simplemente esta frase exclamativa de los que se
fueron:
La atracción de los jacarandaes de la Plaza, qué
orillas
inefables enemigas de la muerte!
(A través de la niebla de la ciudad las lejanas islas
de la guerra; a través de la multitudes la fotografía de una hermosa
muchacha desaparecida para siempre, oh Argentina, país sudamericano
y europeo.)
Después caminamos con nuestros hijos y los
amigos
sobre la nieve de los papeles blancos.
NUNCA MÁS
Nunca más los gordos caballos de la muerte entrarán a la plaza
a destrozar los canteros de plantas y de flores (amarillas)
de las tipas asustadas; nunca más los bastones
golpearán con esa furia las cabezas ensangrentadas de los que ahora
corren
bajo las nubes cirros, estratos, cumulus o nimbos; nunca más estas
flores
de lapachos temblarán en la noche su color rosáceo al oír los
aullidos;
nunca más esos aullidos cruzarán la calle subiendo desde el sótano
en el subsuelo de la madrugada.
Nunca más esos gritos terribles descarnarán la corteza de los
murales
de la plaza desnuda, nunca más explotarán entre los intestinos
o las bocas del cuerpo / las convulsiones de la electricidad
violenta;
(nunca más llamarás gritando a tu mamá en la violácea oscuridad lila
y azul que oyeron solamente los jacarandaes florecidos de la plaza)
Solamente?
Nunca más? No lo sé
porque hoy he visto a un tigre de Bengala correr a una gacela por la
llanura, a una boa constrictora devorar a una ranita saltarina,
a una araña correr sobre la tela al oír un zumbido.
YA
NO HAY LUGAR PARA LA FRIVOLIDAD
Todos poseen un límite; las lecturas en el jardín
absorben el deseo de las plantas húmedas y el mundo visionario
habla allí únicamente con algunos seres animados de ojos abiertos y
profundos.
(Entre los helechos y los tiernos animales inocentes el espacio pasa
como un equilibrista que abre su sombrilla para no caer en el
vacío.) Hay
diferentes formas de fracaso cuando el trapecista joven sufre el
miedo
en las cárceles de la pesadilla,
aunque en el fondo sabe que los victimarios y los torturadores
se juntan en el infierno de la historia, y que las hojas caen sobre
ellos
para convertirlos en tierra deleznable. Por eso canta ahora y mira
solamente hacia delante / no dará explicaciones de la vida: el
cuerpo sabe
esquivar los dardos venenosos del rencor, quizás, una forma cerrada
del amor
que no fue correspondido. A veces los límites se abren y comienza el
vuelo;
entonces, ya no hay espacio para las frivolidades como saben
los que vuelven de la guerra, o del errático exilio (del poema).
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