marzo de 2005 

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Julio Huasi

 

 

Julio Huasi nació en Buenos Aires en 1935. Poeta. Como los antiguos trovadores, desde su primer libro Sonata popular en Buenos Aires, lleva sus poemas de plaza en plaza. En 1958 recibe el premio de poesía en el Concurso literario organizado por el Consejo Argentino de la Paz. A partir del golpe militar de 1976 se exilia en España, poniendo fin a su vida en Buenos Aires, en 1987.

Sus principales obras son: Sonata popular en Buenos Aires, Yanquería, Los increíbles, Asesinaciones, Patria mía, Comparancias.

 

 

   

 

RECUERDO DE VALPARAÍSO


Lunas con acordeón y cocaína.
Lunas borrachas y melancólicas.
Luna de las bahías y los cafetines.
Lunas que huelen a ron, a espuma, a sobaco marinero, a oscuro amor.

Las señoritas mac-lean, bormman, vandervelde y goldstein bajaban por la noche al puerto mecido en el azul y en el verano.
Todas bien dopadas,
todas con pantalones,
todas con carcajadas terribles
y enganchaban a los marineritos.

Los llevaban a los muelles,
los embarcaban en sus bellas lanchas de exóticos nombres, se hacían servir brutalmente en la cubierta y en el caliente frenesí de la droga, desnudas, mojándose en whisky, corrían por la borda y escupían a las estrellas y lanzaban feroces chillidos. Como los toscos australianos o ligures o finlandeses —a quienes el maná les había caído maravillosamente del cielo— se fugaban, siempre terminaban amándose entre ellas...
Eran la juventud dorada de valparaíso.

Yo era adolescente
y estaba enamorado de chile, de mari-rosa, de la poesía, el mundo, el vino, la libertad, las rojas banderas, los mares, lo misterioso y volcaba mi nuevo turbulento lirismo bailando hechizado la incendiada exaltación de mis dieciséis años y modelaba y luego lanzaba cálidas palomas junto a los muchachos del comité de la paz de la provincia de santiago que me mostraban la magia de santa lucía, me llamaban el che y me querían.

Los portuarios estaban en huelga,
el mal baterista se contorsionaba en el dancing batiendo un mambo frenético.
Estaban la policía, los alcahuetes y la estrellería de los cerros brillaba como una anunciación de venganza.
Los obreros vigilaban cada borda, cada luz, cada ola.

Hablé con los estibadores en los piquetes y caminamos con mari-rosa de la cintura toda la noche, toda la aurora y una estrella mágica y verdosa volaba de nuestras manos. Ya en la mañana comimos pescado frito y bebimos rojo vino y no terminábamos nunca de besarnos y ella se fue a trabajar y yo a la ciudad, a la ciudad, a la ciudad y encontré el valparaíso que luego hallaría en el poema de tuñón.
Mis ojos se hicieron más verdes con la lejanía,
alas rebeldes batieron bajo mi piel
y quería amar a todo el mundo y que todo el mundo me amara
y un violín color de sangre nacía de mi corazón.



GOLONDRINAS

 

al chacho dragún, donde esté

 

     tengo celos, envidia feroz de las golondrinas,
conocen esta américa mejor que uno y eso que uno
anduvo y desanduvo los llagales de su madre,
australes y boreales tañen el dulce cordaje
de trópicos, cuadrantes, los mil rumbos y tientos de la rosa
como si fuera un arpa familiar, las señoras músicas
siempre de gira ellas por flor en aire verde.
Cuéntenme algo de mis hermanos, cantoras mías,
mis mujeres, cuñados, cachorros, tata y mamá,
cómo andan de salud, de amores, de balazos, por
aquí todo bien, ya regamos los sangrales este otoño,
y si ven a la que más añoro díganle que sin ella
toda primavera será bruma, pero como cosa suya,
cuando vuelvan por el sur no se olviden de sus ojos,
cuántas veces lo encargué y siempre se distraen
por tanto bosque y soles haciéndose el amor,
claro, y que a uno se lo coman los insomnios,
pucha que son largas las noches del virreino. Mire,
princesas, cómo tiemblan las brújulas locas de mi rebelión,
vienen volando densas bandadas de clavelaire
con sus largas alas, remos de ultracielo, no se hagan
de rogar, mis guitarristas, tóquense algo hermoso
y díganme suavecito cómo es la libertad



SWEET HOME TANGO

     dios y mis hollines me hicieron así,
me fascinaron los malvones y no los juegos de té,
en los conventillos, lady, se come recién
después de impredecibles entreveros, recuerdo que
comía sólo quien despertara primero,
por ello quizá éramos tan madrugadores,
aún niños ya sabíamos acariciar mujeres y pájaros
y con igual candor atracábamos las panaderías,
durante las huelgas corríamos bajo los puentes
de las bolas de nuestros padres y el fuego de la police
y así jugábamos al tenis en mishiadura country,
vástago de machos y hembras que jamás
pidieron perdón por no tener rodillas
no me exijan paz, tecitos ni alfombras persas a mí,
hijo de pueblos que todos los malditos días desde adán
fueron y van a jugarse la cara y la cruz
por el derecho de empuñar el tenedor,
golpearemos con la cabeza a lo toro la roca del poder ola
tras ola tras ola hasta vencer, farewell, miss,
que disfrutes de cézanne y jardinero y un marx
encuadernado en la piel de quien sea menos la tuya,
gracias por los besos, te dejo aquellos míos
de recuerdo, nadie es culpable salvo los tambores
que latían en mis venas ya en el útero,
adiós, me apuran las lunas para asaltar
un cielongo de esculturas y colchas para todos

 

 

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