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MIRADA DE PERRO
Urdía el rumor de
una mujer la calma
una mujer
que contaba
los ángeles del cielo
como si condensara
el mundo en sí
y yo era como un
perro a la siesta, mirando
el
sucederse de las cosas
que ah sí estallaban
sí y también
sabían
recomponerse
como diciendo
"a ver qué pasa"
y eran los días y
las noches, y era
la nitidez de una
naranja al sol
como diciendo
"una naranja"
"¿Sí?" dice la
mujer pregunta "¿naranja?"
"Sí" dice el coro
¿Sí?
Ni ella ni yo lo
comentamos, ni ella ni yo
sabríamos
alcanzar
ciertas palabras
tal cual los ángeles
del cielo que ah estallaban
al roce de un
cambio de luz
y eran caídas plumas
de ángel que
los dos
juntábamos
como
diciendo "algo a juntar"
Y esa es la historia
¿esa es la historia? un hombre
a su manera
ordena el caos
que
resplandece ante sus ojos
y la mujer cuenta
los ángeles, los hace danzar
al ritmo
de sus lentos modos
como
reflejos de oro lento en las nubes
que
anuncian tormenta
Y ella sospecha
que
entre ángeles y perros
hay un secreto que
debe descifrar
"todo ángel es
terrible" dice y
me rasca la cabeza
VOZ NEGRA
Después que oímos
aves negras
paradas en los
cables de luz
esperando algo, tal
vez que amanezca
como debe ser,
cae
lluvia ociosa sobre
los techos, los
silenciosos edificios,
"Viene a llamarnos",
dicen
pero ya no rogamos
que amanezca.
Cantamos sí las
lerdas tonadas de un alba
anterior a nosotros
como quien se mira
de pronto la voz
y no contamos los
recuerdos:
nos
limitamos a atender
a medianoche y de
improviso el teléfono
urdiendo, sí,
palabras
como aves negras que
vemos salir
al ritmo sin color
del agua
opaca ahí, detrás en
su caer de todo,
interminable,
exacta, escurridiza, ajena.
AGUA FINÍSIMA
Días de rosas en
declinación
y agua finísima,
antigua música en
las habitaciones
donde el amor se
viene a ser.
Aquí algo pasa que
se nombra en vos.
Y lo que huía se
detuvo: aquí
todas las cosas son
el alma
como eran de alma
las palabras
que el aire da lento
a caer:
"vienen palabras"
oigo
que decís. Palabras
bajando lentas al
fondo de todo:
soy en las cosas que
en el aire ordenabas,
soy,
ahí entre todas las
palabras,
el que se entrega al
tacto
de la materia
impredecible
vuelta a nacer en
cada movimiento:
lo que baja en vos.
LO ESPESO REAL
Ahora que fuimos
expulsados,
gracias a Dios, del
Paraíso,
se largó a llover
un agua débil que se
alarga
en redes de grisura
y música.
"Esto" dijiste "no
debía ser así"
pero es así. Más que
maneras de filtrar
la luz, más que
armarle al alma un
orden suave
de lo que se
presenta ¿pasos?
¿algo así como
pasos? ¿un
lento
acercarse
del fondo de la
materia a los ojos?
¿a algo que mira
detrás de los ojos? "Ya
no vamos a volver",
te dije, pensaba "esta es mi casa",
"lo que se mueve
-pensé- afuera y adentro es lo mismo".
"Estás pensando
demasiado", dijiste, y mirabas
esa otra agua, la de
mis palabras,
también cayendo,
quebrándose también
contra la piedra de
todas las cosas,
ni transparente agua
ni opaca, agua de aire confuso.
LA ZONA
"Ahora que fuimos
expulsados,
gracias a Dios, del
Paraíso" dije
sobrevolado por
una tristeza
como agua estancada
agua que refleja
los tonos del
crepúsculo
(en franjas negras y
naranjas)
agua
que a ratos temblaba
al fugacísimo paso
de un insecto
(¿no ves ahí
correrse los
pequeños círculos,
los ves?)
y acaso miré
la masa de aire en
torno
por donde avanzaban
penosamente las
palabras
como si dieran por
perdida
su competencia con
lo real
y acaso escuchabas:
tu mano giró
como una bailarina
de aire sobre sí
o como si modelara
algo en la nada y
bajó
en un planear de
hoja de otoño en calma
bajó
mano en sí exacta en
calma
tal vez dispuesta o
resignada ya a posarse en
un girón
de materia del
cosmos
"¿lo comprendés?",
dije, y
creí oír cantar
ya no sirenas, no,
sino el
roce o contacto
entre tu mano (un
modo
particular de la
materia) y
aquella escena en
general
"Todo está bien"
dijiste o
dije y
pensé
que estábamos aún
en la zona vaga
de la que no
podríamos ya salir:
tierra de nadie y
ecos
de ajenas batallas,
molestias de
estómago, despertar
confuso en la noche
y
tantear
tratando de recordar
dónde estaban las cosas,
suspirando al
tocarlas.
PERLADOS
Como quien raspa la
piel de una fruta, así
con mucho cuidado y
conociendo lo
irreversible del acto, aprendí
a conocer sus
movimientos
dentro y fuera de
sí,
a veces nítidos, a
veces
perlados por un
brillo real
que aún repite la
memoria
o troza
entre las formas que
combina el día
según se corre con
las horas la luz.
EN EL RINCÓN DONDE
LAS COSAS JUNTADAS...
En el rincón donde
las cosas juntadas
no hacían más que
gastar el ambiente
no estaba el arpa.
Lo que estaba, sí,
era el poema que
alguien le escribió,
sobre un banquito
pintado de azul
donde ya nadie se
sentaba.
COMO LA MONEDA
TIRADA EN LA CALLE...
Como la moneda
tirada en la calle, como la
moneda gastada y
variada en color,
como eso que antes
era una moneda y hoy
pregunta por
nosotros.
La historia está por
empezar, los temas
contra esa escena se
apelmazan
y no hay tristeza ni
alegría especialmente, no hay
sino formas durando
que esa moneda ya no
compra ni paga.
Ella está aquí para
otra cosa
y eso nos basta,
digo yo.
SI ALGO QUIERE DECIR
ESE BREVE MANCHÓN (LA MOSCA)...
Si algo quiere decir
ese
breve
manchón (la mosca
posada junto al
plato)
yo no lo sé:
antes creía saber,
pero las cosas
pasaron de otro
modo.
Ahora digo "mosca" y
es bastante:
ni ella responderá,
ni la palabra
se acercará a
tocarla
ni yo sabré algo
más.
Y aunque esa forma
ajena
se vaya volando,
la palabra está acá
llena de pelos,
oscura, intratable.
ESO QUE TRATA DE
CRUZAR LA CALLE...
Eso que trata
de cruzar la calle
es
una cucaracha
literalmente.
No hay odio ni hay
desprecio
bajo el sol:
cosas que brillan
y otras no,
convexidades,
ángulos.
No el amor fue hecho
aquí,
tampoco la guerra,
sí modos de nombrar
alrededores de la
guerra o el amor
como quien tienta
la consistencia de
las cosas.
Y aquellos seis
puntos negros en
el muro, son
marcas de balazos
aunque parezcan aves
volando sobre un
cielo gris.
En el charco de
lluvia, el trozo arrancado de un cartel...
En el charco de
lluvia, el trozo arrancado de un cartel
no termina de
hundirse.
No el amor fue hecho aquí,
tampoco la guerra.
Sí modos de nombrar
alrededores de la guerra o el
amor
como quien tienta la
consistencia de las cosas o ama.
El aire mueve por
momentos reflejos,
toques de quietud
cambiante
que la mirada ronda
como un perro marrón.
"¿Esto nomás?"
preguntan
los que antes eran
ángeles
y ahora ni cuervos son.
Azul negruzco,
blanco y rojo sangre
sobre colores de
cielo nublado.
"Y el tránsito
apiñarse vi,
como manadas
marchando en el río
del tiempo,
como si nada ya
tuviera fin.
Como si nada ya
tuviera fin,
como si al fin nada
estuviera esperando".
AL CAER EL ALBA,
ENTRE LA LUZ CENIZA ...
Al caer el alba,
entre la luz ceniza,
entre ese modo
obtuso que tienen las cosas
de volver en sí,
no es viento lo que
sopla, es como un agua opaca
que por detrás de la
materia tiembla
como hecha de ecos
de una vieja explosión
y, en lo que con la
luz se extiende, el alma
intenta, opaca ella
también, posarse.
No sé si por la
guerra o el amor (ecos
de guerra o amor
pesando),
algo retiene el alma tras los ojos.
Los que pasaron hace
un minuto gritando
obscenidades, los
que dejaron latas de cerveza,
esa mujer que
arrastra un perro gordo,
no son ajenos,
aunque tampoco la hacen, a la escena.
Miro abstracciones
que dejó la resaca:
el mundo, una playa
sorprendida por el amanecer.
MARCHANDO EN EL RÍO
DEL TIEMPO, EL TRÁNSITO...
Marchando en el
río del tiempo, el
tránsito,
como manadas,
como si nada ya
tuviera fin,
como si nada ya,
como si al fin
nada hubiera
esperando:
las migraciones del
salmón,
la ley oscura en el
ADN del reno.
Música de motores al
fondo del mundo.
Como un borracho que
busca incorporarse
en la aridez de una
madrugada infinita, el alma
sale a mirar lo que
ella no es.
O al modo de una
chica
recién levantada
dando unos pasos en
el aire
de la mañana de
diciembre
o temerosa de
diciembre
que manda sus
bloques de luz.
"Esto es lo real":
motores al fondo del
mundo,
la luz.
Aves negruzcas (dos
palomas) en la reja
se asustan y salen
volando.
No hay conclusiones:
algo estaba y ya no.
EN EL RINCÓN DONDE
LAS COSAS GASTADAS...
En el rincón donde
las cosas gastadas
se demoraban
desafiando la mente
no estaba el arpa.
Lo
que estaba, sí,
era el poema que
alguien le escribió,
sobre un banquito
pintado de azul
en donde el polvo
del
mundo
se posaba.
Pero el poema era el
poema, no era el arpa.
MESA Y DOS SILLAS,
COLOR MARRÓN CLARO
La nitidez de
la luz
y los volúmenes
Yo quiero habitar
esa escena
¿Y si
todo
se deshace
y si
la
intromisión
me devuelve a mí
mismo?
Señor de todo
lo creado:
créame
¿Y si interrumpo el
soliloquio de las cosas?
¿Sí?
Haré algún
día las valijas
o fluiré
detrás/debajo de
las toneladas de la
mente
"Hey" diré
"Haz, Señor
de mí uno más
de tus objetos"
Yo quiero habitar
esa escena
VALS
Ahora que la
pared
ahí dura
y es
avances duros de lo
que
no cabe en tu forma
levantá
la carga
Trozo del mundo que
al
mundo le falta
: mi alma
que tanto te han
herido
Que hacés ahí
mirando todo absorta
al pie de la gran
noche
que ya se va se va
toda desleída en su
falta de fondo
Qué
matás
en este mundo
que me ha dado
tu ser mi alma
Alma, creo que a
veces tengo ganas
de pedirte perdón
Imagino que estás
para otras cosas
Pero no sé, ha
pasado tanto tiempo
VALS II
I
ahora que la pared
ahí dura
pared pared y
más pared:
pared del todo
II
y con qué voz
voy a encontrar voy
a tocar
una palabra o sus
contornos
ahora que arremete
todo
lo que no soy yo
III
...trozo del mundo
que al
mundo le falta...
IV
y qué cuando es
la oscuridad?
se prende luz?
se entra a lo oscuro
como amado en la amada?
V
alma:
un trazo dejado en la pared
(no la pared del
alma)
o
venida a ser lo que
huye y se entrevé
o tensadora de
materia del mundo
aparecida y como
perdida entre las cosas: alma
VI
al pie de todo lo
oscuro de fondo
VII
o la pared que sigue
ahí
VIII
Pero no sé, ha
pasado tanto tiempo
MITRE Y JUNÍN 06:30
PM
Bordes
a olas que soy,
ah largas
presentaciones
de lo creado:
piernas de mujer.
abriendo y
espesando el
aire
Materia entrando en
gloria de ojos
Tan
concretas
"piernas/
perfectas/
de mujer"
me dije
y en la luz se hizo
la aceptación de lo
que trae la luz
y vi que eso era
bueno y
las cosas
aunque no duran
a veces se dan
:
Dejar que sea entre las cosas la luz
dejar
la luz
llegar
llegar nomás
acá.
Me gusta estar así,
por un momento, en
el mundo
y que en el mundo
existan piernas de mujer.
SEAN, CUANDO ABRO
LOS OJOS...
Sean, cuando abro
los ojos, tus ojos,
sea un perfil que
sea el tuyo,
sean,
todas las veces que
la distancia llame
como sirena a los
desesperados,
los movimientos que
te dan a ser
cual si vinieras o
si te alejaras,
impronunciable, al
estilo del mar
y sea,
como la mar
entonces,
tu roce en
las cosas,
venga a mí el tu
dolor
para que me hable,
para que descanse y
sea en nos la
palabra
como lo que en la
niebla se acercaba
y es de la niebla
que su
forma
arranca: materia de fondo.
DE TUS COSTADOS NO
NACIÓ EL AMOR, MI AMOR...
De tus costados no
nació el
amor, mi amor,
sino ahí fui a dar
como quien nombra en
la noche su casa,
y no empezaba nada,
en realidad, ni yo a
decir verdad,
llegaba
sino algo en
mí que en tu estar se juntó,
ahí duros en la
guerra de vivir, y a los pedazos
por donde todavía te
andaré a buscar
como en la noche con
la lámpara
y estás
igual que la
noche y la lámpara
hecha de todo lo
callado
y todo lo que no
aprendo a nombrar
y lo que, al hacer
amor, hago
para que como el
agua sea el amor
que en su venir se
vaya
ahora
y cuando entera te extendés
como el presente
entre las sábanas
y es el presente que
celebro, no lo puedo creer.
HACER QUE ESTÉS, QUE
LENTA VAYAS...
Hacer que estés,
hacer que lenta
vayas
creándote a
tu
semejanza. Dar
la exactitud de
lo que
es vos. Entrar
libre de todo rastro
de alma en
lo
creado y salten
en medio de todos
los cielos los astros. Sea
entre los hechos que
se juntan mi casa.
Hacer mi casa. Ser
el que ahora está
acá.
Bajo la noche,
lentamente, cuando todo se vaya, mirar
tu forma en el
fondo,
mansa en el mar del
mundo en sombra, ser en ella el mundo.
DÍAS DESPUÉS DEL
DILUVIO...
Días después del
diluvio, cuando
las tierras se
distinguían ya del agua, fui
a caminar junto a la
carretera, y
un auto pasó
lleno de gente muy
alegre y
me cubrió de tierra,
y
yo estaba adentro y
afuera al mismo tiempo y
me preguntaba a
quién decía adiós.
AH DE TU CUERPO, LE
DECÍA...
Ah de tu cuerpo, le
decía, yo era
el que llegaba hasta
ahí con la lámpara
ah de tu cuerpo le
decía de a mil.
Pero ese cuerpo
nadaba en sus aguas,
no se apagaba, era
cuerpo en verdad.
Y no importaba donde
fueran sus sueños
él sostenía en la
noche su luz
Oí a tu cuerpo, le
decía, me llama,
tu cuerpo sabe no
dejarme dormir.
No se podía
concretar sin mis manos.
Yo lo nombraba al
otro lado del mundo.
COMO QUIEN SALE,
COMO QUIEN CABALGA...
Como quien sale,
como quien cabalga
silbando una canción
cualquiera, me perdí
y ahora aquí vuelan,
ya no sé si culpas,
rápidas sombras, yo
sentado en la brusca
piedra del mundo
bajo el árido sol
miro las raras
formas que hizo el tiempo
en la materia, soy
también materia y
pienso
que por la noche
saldrán las estrellas.
"Estrellas", digo,
"estrellas",
con dos hilachas de
agua de la voz
"Estrellas", digo,
mientras las sombras se mueven
como si la película
se acelerara
dejándome del lado
oscuro, contra una pared,
"estrellas" digo
"cosas que hacen falta".
MIRANDO PASAR
AUTOS...
Mirando pasar autos
(de otros)
en la luz real:
no sé a dónde van,
no sé
qué amar de esa materia dura,
ni en qué momento ha
comenzado el presente,
ni si es de esto que
hablo.
No sé si he visto en
el viento cenizas
pero he visto mucho:
en vidrios rotos,
reflejos de sol
y el brusco oleaje
de las consonantes
en la escanción de
la palabra "crepúsculo".
Igual que negros
arcángeles volando,
o como insectos
sobre el agua quieta,
los pensamientos
hacen sombra en el mundo
pero entretanto el
mundo da otra vuelta, se alarga,
cambia de tonos,
empieza a hacer calor.
ir arriba
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