índice de autores

página principal   

Ricardo Rojas Ayrala

Matar dos moscas con el mismo adoquín


 

Ricardo Rojas Ayrala (1963) nació en Buenos Aires. Su obra es: Sin conchabo corazón, poesía, Editorial El Caldero, 1993; Fabulosas alimañas de la pampa, narrativa, Editorial El Caldero, 1996; Hazañas y desventuras de Amulius y Numitor, narrativa, Editorial La Bohemia, 1999; Caligramas, poesía, Editorial La Bohemia, 2000; Miniaturas Quilmes, narrativa, Editorial El Caldero, 2001; La lengua de Calibán, poesía, Fondo de Cultura Económica, México, 2005; Obispos en la niebla, poesía, 2005, Editorial Tintanueva (México), y por Editorial La Bohemia (Argentina); Quaestiones politicae, narrativa, Editorial El Caldero, 2006.

Obtuvo del Tercer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, bienio 2000—2001; fue finalista del concurso Interna­cional Poesía en tierra, organizado por el Centro de Cultura de España, en la Argentina, y la editorial Fondo de Cultura Económica, de México en 2003; y resultó ganador del premio Le mie parole altrui, en Italia, con traducción de la doctora Pamela Cologna, auspiciado por Giovane Holden Edizioni en 2007.

 

 

Inédito

 

3 - Moscas y adoquines

 

La noche / se sostiene
por el milagro / de creer uno
que está / por encima.

Alberto Muñoz

 

Nadie duda hoy de que por falta de práctica, y por el abandono total de tal arte perspicaz, ya es casi imposible matar dos moscas con un mismo adoquín.

Pero, así y todo, la segunda mosca cada vez que observa un adoquín ensangrentado es asaltada por un súbita paranoia. Comienza a volar en círculos concéntricos y golpea, reiteradas veces, su cabeza enfebrecida contra el vidrio de todos los ventanales que se interpongan en su huida despavorida hacia la nada, y no hay discurso, arenga o diatriba que pueda contenerla.
 

*******
 

[Nota: El refrán, al que aquí se hace una insoslayable referencia, es muy popular en la ferias de viejo del Retiro y el Abasto: “matar dos moscas con un mismo adoquín”.

Uno de los once sabios de Plaza Miserere sostiene que este dicho anónimo es una deformación (deformidad precisa él, levantando el dedito índice cuál febril monitor) de un adagio pergeñado por los surrealistas, después de la primera gran guerra.

Aquí es necesario agregar que los surrealistas son un grupo indeterminado de ingeniosos sujetos, reunidos por el arte, que pretenden vérselas con el subconsciente.

Tales barbaridades fueron propagadas en estos pagos, a la vera del arroyo Maldonado, de forma indiscriminada e irreflexiva, por los franceses que, la verdad, han hecho otras cosas de verdadero mérito: como la oposición a la segunda guerra del petróleo en Irak, y cualquier pamplina de Voltaire. Algún ocurrente de Villa Ortúzar, amigo de la chanza desmesurada, tradujo este hermoso refrán como: matar dos pájaros de un mismo tiro, lo que acarreó un gran disgusto a los pájaros en general y pingües ganancias a los insensibles mercenarios de las armerías militares.]

 

 

7  - Romanos y extranjeros

                                               El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

William Blake

 

Por sus modos, sus vestidos, sus largos silencios, su manera graciosa de fumar cigarros negros y sus costumbres extravagantes se sospecha que Roma está atiborrada de extranjeros.

No es a causa del turismo, o por la quimera insensata del primer mundo, o por el fervor del calcio, o por la Fontana di Trevi, es porque los infinitos ganapanes que aguardan, sin hacer nada, comienzan a preguntar naderías para matar el tiempo y, así, claro, cualquier día de esos terminan en Roma.

Un alcalde romano, que demostró un ingenio desmesurado, intentó difundir en sus discursos públicos, en los reportajes para la televisión y antes de cortar las cintas en cuanta inauguración fuera invitado, de modo subrepticio, la sutil paráfrasis preguntando cómo se llega a Bari, para dar un coto a tal exageración.

Hasta ahora, esta estupenda y agudísima estratagema, digna del mejor Italo Calvino, no ha dado los resultados anhelados por los italianos de buen corazón.
 

*******
 

[Nota: Se versa en este texto exangüe, con un dejo de frenesí, sobre los inciertos alcances de aquel famoso refrán: “Preguntando se llega a Roma”, tan útil al momento de extraviarse en tierras extranjeras o bárbaras que, infectadas de peligros, se presumen inhóspitas.

Los acalorados polemistas de siempre, ¡que nunca faltan!, hasta entre los incontables hombres de genio que hojean estas páginas, prefieren el infinitamente menos feliz: todos los caminos conducen a Roma, para retrucar, luego, al estilo francés: Si vives en Roma, no riñas con el Papa.

Quizás algún capcioso de Villa Ortúzar, con un toque de inocultable malicia, recordará otro dicho condenatorio, que esbozó el agudo Cicerón, y la historia se ha encargado de conservar con el único objeto de iluminar estas glosas: “No hay lugar tan apartado donde no llegue el capricho y la opresión de Roma”.]

 

 

12  - Tigres y manchas

Un tigre en sala de auxilio
primero ladrón después cuervo sin aire después fardo
qué poco saben los médicos de zoología
de preciosos carnívoros en celo...

Daniel Muxica

 

No por simple coquetería sino, además, por un pragmático sentido común, un tigre concurrió a la tintorería a quitarse de modo efectivo una mancha reciente que, en cierto modo, desentona y va en detrimento de la solemnidad de su traje real de asesino.

La mancha, estrafalaria y pintoresca, más que causar temor infiere, en el talante del tigre, un carácter bufo que tienta de risa a cualquiera de modo casi instantáneo.

El tintorero oriental, al percibir la gravedad del momento por los movimientos enérgicos de la cola del tigre, se negó a atenderlo y a ser cómplice de tales enjuagues cosméticos francamente inmorales.


*******
 

[Nota: Versamos en este punto sobre el malentendido popular, difundido desaprensivamente desde los altos de las colinas del Parque Lezama: “Qué le hace una mancha más al tigre”. Pues le debe hacer bastante dado que, el tigre, sólo es poseedor de una serie indeterminada de rayas; más grandes, más chicas, pero simples rayas.

El felino que exhibe un rosario de manchas sobre su lomo no es otro que el jaguareté, tan difundido por América, en menoscabo de los tigres (rayados) que jamás pusieron una zarpa sobre este continente, salvo en la artificialidad de los zoos o en las coquetas revistas de la Nathional Geographic que desbordan los puestos de diarios de Villa Ortúzar.

En cuanto al asunto del Felis tigris los amigables africanos sostienen, ¡con cuánto tino!: “No censures a Dios por haber creado al tigre, agradécele más bien por no haberle dado alas”.

En tanto, los guajiros cubanos sostienen: “Al tigre muerto todos le mienten la madre”.

Una nota de color, al respecto de la caterva de equívocos felinos, la aporta el deporte, ya que el conjunto representativo de la Argentina, en una disciplina deportiva denominada rugby, se autodenomina “pumas” y venera, pontifica y exhibe, como ícono oficial, un jaguareté.]

 

 

14 - Perros y hortelanos

         Si recoges a un perro hambriento
y lo haces feliz no te morderá.

Esta es la diferencia principal entre un perro y un hombre.

Mark Twain

 

Un perro de gran prosapia, jactancioso y descomedido, se lavaba los dientes frente al agua quieta de un estanque.

La espuma del dentífrico le salía a borbotones de la boca, a más limpísima.

Al admirar su reflejo en el agua el perro se pensó rabioso.

De inmediato saltó al estanque, tratándose de ahogar, antes de que el hortelano le matase a palos para curarle la rabia.

Furioso, pero consecuente, el can se bebió todo el río.

El pueblo, que vivía casi exclusivamente de la pesca, pronto desfalleció de hambre y se despobló por completo. 

También el hortelano, dueño de tal perro pertinaz, se fundió.
 

*******
 

[Nota: Sobre este texto, indudablemente, los mordaces y filosos críticos de Colegiales prefieren guardar un cauto silencio, prosiguiendo con sus intrincadísimas disputas, sus profusos dossier’s y la febril elaboración de cierto canon consagratorio.

¿Por extrañamiento? ¿Por desorientación? Tal vez.

Este texto, coligen dos imprudentes escribas de Liniers, es una libérrima interpretación del refrán: “Como el perro del hortelano: no come ni deja comer”, interferido, eso sí, por algún cuento de Esopo, más algún que otro anónimo medieval veneciano y un koan olvidado.

O viceversa.

¿Qué sale de todo ello? se preguntará usted, amable lector de Villa Ortúzar...

Pues... una obra sin lugar a dudas singular: ¡singularísima! mi viejo.]

 

 

15 - Hierros y cuchillos

Cuando al caracol / se le hace una crítica /
vuelve al interior / de su teoría.

Paul Claudel

 

Cada vez que la mujer del herrero se topa con un sencillo y sutil cuchillo de palo, mientras asea la infinita y pesadísima vajilla de su hogar, se tienta y larga a reírse, profiriendo tremendas risotadas, hasta llegar a saltársele las lágrimas.

En Cádiz, una de ellas aseguró, desternillándose de risa:

—¡Joder!, que hay gansos sueltos por ahí.
 

*******
 

[Nota: Por una práctica corporativa escandalosa, los herradores de Belgrano, tratan de difundir, en vano, el dicho eslavo: “La rana vio que herraban al buey y levantó la pata”.

Los obreros, capataces y delegados de la industria metalúrgica en general reniegan del refrán del que aquí tanto se alardea: “En casa de herrero cuchillo de palo”, pues entienden, de modo evidente aunque con un candor extemporáneo para tal forja de sujetos, que la propalación de estos supuestos, por toda la cuenca del arroyo Vega, se constituye en un atentado directo contra sus fuentes de trabajo.

Por su parte, los carpinteros, encoladores y ebanistas de Villa Ortúzar, cómplices quizás de la divulgación de estos dislates, guardan un sospechoso mutismo general, al respecto de estos asuntos y otras arbitrariedades parecidas, lindantes con la perogrullada.

Los chatarreros de Devoto prefieren el laudatorio requiebro, atribuido a los tenaces tenaceros escandinavos: “Los hijos del herrero no le temen a las chispas”.]

 

 

20 - Buen cazador y liebre

 

Matar al animal
requiere un animal / sin sombra...


Susana Villalba

 

Cada tantas liebres el buen cazador se detiene, de súbito, se acoda sobre su escopeta y deja volar sus pensamientos con total libertad.

Partiendo del origen de las especies llega, siempre, a la inexorable conclusión de que ganaría más matando homínidos, por incuestionables razones ecologistas, en el ejército yanqui que siempre está a punto de liberar algún país del planeta de la amenaza cierta de la independencia de pensamiento y de la peste del iluminismo.

La liebre, que es una pacifista nata, tiende a cruzarse de nuevo en su camino y rompe estas y otras ensoñaciones del mismo tenor, cosa que pone, por cierto, de muy mal humor al buen cazador.
 

*******
 

[Nota: Aquí se vindica el difícil artificio de exculpar al charlatán afuereño ante un más que evidente fracaso, que se trata de atemperar, sin ningún escrúpulo. Un tibio lamento melindroso, resumido en la sentencia que suele proferir todo el populus de la estación de trenes de Chacarita, mientras se da a sorber unos moscatos o unas desaprensivas garnachas: “Hasta al buen cazador se le escapa la liebre”. Algunos bailarines de salsa, asiduos del museo del ámbar de Santo Domingo, acotarían al respecto: “Bala que zumba, no mata”.

Ahora bien, hete ahí la liebre, mensurada desde el rabo hasta su orejas: ¿la misma del eleata famoso?, ¿la pretenciosa de Lewis Caroll?, ¿alguna ignota de Esopo o Samaniego? o, ¿debe figurarse uno cualquier conejo o mamífero roedor de modo indeterminado?

La caza de éstas y otras bestezuelas del mismo género solía ser muy difundida en la campiña de Villa Ortúzar y, al parecer, por suerte para la progenie de las liebres y los conejos, los asiduos a tales deportes son bastantes desatinados en cuanto al arte de acertar en el blanco.]

 

 

27 - Pólvora y chimango

 

“Hay ineptos entusiastas.
Gente muy peligrosa.”

Georg Lichtenberg

 

Un método infalible de inteligencia militar ha sido develado hoy para el dominio público: los chimangos.

Los ingeniosos coroneles de inteligencia sueltan tres chimangos entrenados en el teatro de operaciones y éstos, inexorables o temerarios, se abalanzan sobre los polvorines enemigos.

Convencidos de ser los nuevos kamikazes, los chimangos componen dos o tres versos, antes de caer en picada sobre el armamento rival.

Nadie ha logrado convencerlos, hasta la fecha, de que sus mustios poemas no riman ni a palos.
 

*******
 

[Nota: Perdularios estudiosos de Palermo Viejo dedicados a la letras, sostienen que el refrán que aquí nos convoca a la glosa poética: “Gastar pólvora en chimangos”, fue traído por los conquistadores, a América, junto con la viruela, la sífilis, la Iglesia Católica, las vacas, los recaudadores de impuestos y los verbos de conjugación irregular, pero en su forma precedente, mucho más corta de ingenio: “Gastar la pólvora en salvas”.

De cuándo se comenzó a tirársele tiros a los pobrecitos chimangos no se sabe con exactitud, pero sostienen —éstos mismo sabios— que seguramente habrá sido después de que, por culpa de un general perínclito llamado Roca, se fueron acabando nuestros hermanos indios. Eso sí, los chimangos, pájaros de gran corazón, en estos momentos recurren a la Corte de la Haya en defensa de sus derechos.

En Villa Ortúzar, de los bellos poemas, compuestos por los kamikazes de la flota imperial, antes de lanzarse sobre las naves enemigas durante la segunda gran guerra, no hablamos ni mu.

Luego, era Groucho Marx quien sostenía que inteligencia y militar son términos contradictorios.]

 

 

31 - Agujas y pajares

 

“Debajo de esas nubes desgarradas
hay una casa en llamas
en donde los amantes transmutaban en oro de eternidad...”

Olga Orozco

 

Dos enamorados, recostados en un pajar, semidesnudos, casi de inmediato dan con una aguja con alguna parte de sus cuerpos sudorosos.

Entretenidos, en intercambiar pronta y salvajemente sus jugos, la ignoran por completo.

La pobrecita aguja, desencajada y sin salir de su asombro, sólo atina a extraviarse de nuevo en aquel inútil y aspaventoso mar amarillo.
 

*******
 

[Nota: Particular y excéntrica, aunque neo-romántica, apología del refrán: “Buscar una aguja en el pajar”.

Seguramente que si en tal apologética hubiese puesto manos a la obra algún literato de auténtico genio, allende Villa Ortúzar, como el tal Samaniego, el resultado hubiese sido bien otro.

Pero esto es con lo que contamos, por ahora, en las pampas porteñas y costas del Río de la Plata, para la prosecución de estos manuscritos de valía escueta.

¡Qué se le va a hacer!]

 

 

36 -Tuertos y ciegos

 

“Paracelso decía que uno de sus cabellos era más sabio
que todas las universidades.”

                                     

Paracelso citado por Legendre

                   (en Traité de l’opinión, uo Mémoire pour servir
                                            à l’ histoire de l’ espirit humain)

 

Seducido por unos irrefrenables y desmedidos delirios de grandeza, un político tuerto se largó a conocer el lejano país de los ciegos.

Ni bien bajo del avión, en el coqueto aeropuerto de la República de los Ciegos, fue detenido y pasó varias semanas tratando de engañar a los incipientes demócratas de este país reunidos en el Comité Central de Migraciones que, para hacer honor a la verdad, alardean de una previsible y excelente memoria.
 

*******
 

[Nota: Sugestivamente aquí no se hace ningún tipo de referencia al ingenioso y sagaz refrán “Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería”, sino a otro bien distinto, ramplón y falto de gracia, “En el país de los ciegos el tuerto es rey”.

Un cocinero griego, al respecto de estas chacotas, nos dijo: “Un ciego, recostándose en una pared, dijo: ‘Aquí acaba el mundo’”.

Ahora bien, no se avanza de modo alguno en las bufonadas populares y nada logramos sacar en limpio de la suerte corrida por los ciegos, en el país de los tuertos, ni sobre como la administración del tuerto, ungido rey, ha logrado finalmente fracasar en la implantación de un capitalismo más humano.

No debería sorprendernos, tampoco, de que todo quede a merced del albedrío del lector que podrá imaginar, como siempre, lo que le venga en gana, y esto, en todo caso, es lo mejor que puede sucederle a cierto tipo de textos que dos o tres noctámbulos desaprensivos de Villa Ortúzar denominan, de modo temerario, “literatura de hoy”].

 

ir arriba